martes, 4 de agosto de 2009

El Espiritismo y las Iglesias Reformadas

Autor: Jayme Andrade




- La doctrina de Santo Tomas de Aquino - Biblia- Las fallas de la Biblia - Pedro - Primer Papa

Los católicos y protestantes siguen la doctrina de Santo Tomas de Aquino, que defendía la “fe” como una opción exclusiva de la voluntad, sin interferencia de la “razón”, distinguiéndola de la “duda” porque en ésta hay indecisión entre dos conceptos opuestos, y de la “opinión” que es la aceptación de un juicio sin excluir totalmente otros, mas ya ahí con base en factores racionales. También la distingue de la “certeza”, porque está asentada en el conocimiento científico. En la época actual ya no es admisible la concepción aquiniana de la fe, por ser evidente que: La fe depende de la razón, pues quien cree debe tener una razón para creer. La fe en Jesús es la aceptación de él como Mesías y Salvador. Mas la aceptación no es sólo un acto de voluntad, mas un acto de discernimiento, por tanto un acto de razón. ¿Cómo puedo aceptar esto y condenar aquello, sin recurrir al juicio, que es la función de la razón?” (Herculano Pires, en “Revisión del Cristianismo”, pág. 89) Aprendidos estos conceptos, veamos como se procesaría la “salvación por la fe”, en el entendimiento de los evangélicos: un incrédulo oye el sermón, se siente tocado por el conmovedor mensaje del predicador y se torna un “convertido”, recibe a Cristo en su corazón y se cree “nacido de nuevo”, salvo por la gracia del Señor, y purificado de sus pecados por la sangre del Cordero. en seguida, se afilia a la congregación de los fieles a través del bautismo y pasa, al menos en teoría, a vivir su existencia dentro de los preceptos del Evangelio, pudiendo tornarse hasta en uno de los “mensajeros de la palabra”, en el afán de traer otros pecadores a los brazos del Salvador. Lejos de nosotros está el intención de parecer de alguna forma irreverente para con los nobles sentimientos de nuestros hermanos. Sabemos que actúan movidos por la más pura de las intenciones, llenos de aquella fe que describimos antes como “convicción íntima inquebrantable”. Mas séanos lícito preguntar: ¿Es suficiente esa actitud tan simple para modificar una vida y transformar substancialmente un carácter? ¿Basta igual-mente ese “pequeño paso” para que el creyente acreditarse la “comunión de los santos” y tener asegurada su admisión a la “eterna bienaventuranza”? Entonces, ¿por qué sólo unos pocos, talvez los de espíritu más evolucionado, permanecen realmente regenerados? La mayoría os-tenta un cristianismo de fachada, persistiendo con los mismos sentimientos íntimos del “hombre viejo”: egoísmo, desamor, intolerancia, racismo, ausencia de empatía y de fraternidad. Aun admitiendo que los individuos se transformen, ¿qué efectos han producido el Evangelio en los grupos sociales que se intitulan cristianos, tanto católicos como protestantes? ¿Acaso el mundo fue transformado, tras casi dos mil años de catequesis? ¿Reinan la paz y la armonía entre los pueblos cristianos? ¿Fue implantado en los corazones el ideal de la solidaridad humana? ¿O continúan los hombres combatiéndose, frecuentemente asesinando a los adversarios en nom-bre del propio Cristo, como ocurrió en las “Cruzadas”, en los tribunales de la “Santa Inquisición”, en la masacre de los campiñeses alemanes (con el apoyo del propio Lutero), en la matanza de los hugonotes y en las luchas fratricidas de nuestros días entre los cristianos irlandeses? Obsérvese que el mismo Jesús previno: “Por los frutos los conoceréis”... (Mat. 7:16)

El que tenga ojos para ver y oídos para oír, por favor lea el Nuevo Testamento con los ojos bien abiertos y la mente libre de preconceptos, y llegará fatalmente a la conclusión de que Jesús no descendió a este mundo para fundar religión alguna, y sí para traer la noción de una vida futura y de la sobrevivencia del alma, de recompensas y puniciones según las obras que los seres humanos hayan practicado, en fin, vino a presentarle a los hombres un Dios de amor y misericordia, muy diferente de aquel Jehová rencoroso del Viejo Testamento.

Palabras de la Biblia

Católicos y Protestantes nos critican porque no creemos en la Biblia como la Palabra de Dios incuestionable. Realmente, damos importancia apenas a Jesús, pues nada hay de útil en el Viejo Testamento para los días de hoy, excepto los Diez Mandamientos. El propio Jesús afirmó: “Respondióle Jesús: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todo tu entendimiento. Este es el gran y primer mandamiento. Y el segundo, semejante a éste, es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas”. (Mateo 22:37-40)

En el Sermón de la Montaña, Jesús revocó algunas cosas del Antiguo Testamento, rectificando lo que era humano en las leyes mosaicas: “Oísteis que fue dicho: ojo por ojo, diente por diente. Yo, empero, os digo...” (Mateo 5:38 a 42) “Oísteis lo que fue dicho: amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Yo, empero, os digo: amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen.” (Mateo 5:43 y 44) 
Pablo también dice: “Con efecto: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no cobijarás; y se hay algún otro mandamiento, todo en esta palabra se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (Romanos 13:9) Lo que ahí no se incluye, son quincallerías humanas. Jesús no trabajó los sábados; no permitió que apedreasen la adúltera; fue contra el divorcio, contrariando a Moisés, pues, al final, eran leyes de Moisés, leyes para adoctrinar a aquel pueblo, y no leyes divinas, que nunca se alteran. La expresión “la palabra de Dios” es de origen judaico. Fue naturalmente heredada por el Cristianismo, que la empleó para el mismo fin que los judíos: dar autoridad a la Iglesia. La Biblia, considerada la "palabra de Dios", se revistió de un poder mágico: a su simple lectura, o simplemente la audiencia de esa lectura, puede espantar el Demonio de una persona y convertirla a Dios. Claro que el Espiritismo no acepta ni predica esa vieja creencia, mas no la condena. A cada uno, según sus convicciones, desde que haya buna intención.

Las pesquisas históricas revelan que los libros que componen la Biblia tienen origen en la literatura oral del pueblo hebreo. Sólo después del exilio en Babilonia fue que Esdras conseguir reunir y compilar los libros orales (guardados en la memoria) y proclamarlos en plaza pública como la ley del judaísmo, dictada por Dios. Es imposible probar que "de capa a capa" la Biblia es divinamente inspirada. El "credo quia absurdum" (creo aunque sea absurdo) es fruto del dogmatismo, creación humana de los concilios, mientras que el Espiritismo es la doctrina del libre-examen y consiste en la fe razonada, apta a "encarar la razón cara a cara en todas las épo-cas". Solamente a las religiones dogmáticas, que se presentan como vías exclusivas de salva-ción, interesa el viejo concepto de la Biblia como palabra de Dios. Primero, porque ese concep-to impide la investigación libre. Considerada como la palabra de Dios, la Biblia es indiscutible, debe ser aceptada literalmente o de acuerdo con la "interpretación autorizada de la iglesia". Por eso, las iglesias siempre se presentan como "autoridad única en la interpretación de la Biblia". Segundo, porque esa posición corresponde a los tiempos mitológicos, al pensamiento mágico, y no a la era de la razón en que vivimos. Hay contradicciones insanables en que se fundan los hermeneutas religiosos. Se ven ellos obligados a peligrosas gimnásticas de raciocinio, apoyadas en fórmulas pré-fabricadas, para zafarse de las contradicciones del texto. Mas no escapan jamás a contradicción fundamental que es esta: consideran la Biblia como la palabra de Dios, pero establecen, para su interpretación, reglas humanas. De esa manera, es el hombre el que hace a Dios decir lo que a aquel le interesa. Las supuestas condenaciones del Espiritis-mo por la Biblia, por ejemplo, discurren de las interpretaciones sacerdotales, hasta alterando los textos, moldeando la "Palabra de Dios" según sus conveniencias.

La Biblia es uno de los mayores repositorios de hechos espíritas de toda la bibliografía religiosa. Y los textos bíblicos están llenos de pasajes típicamente espíritas. (lea el ítem sobre la prohibi-ción bíblica y la comunicación con muertos) Emmanuel, trabajador incansable de Cristo, a través de la psicografía de Francisco Cándido Xavier, nos dice: "El acto de creer en alguna cosa demanda la necesidad del sentimiento y del raciocinio, para que el alma edifique la fe en sí misma. Admitir las afirmativas más extrañas, sin un examen minucioso, es caminar hacia el desfiladero de lo absurdo, donde los fantasmas dogmáticos conducen las criaturas a todos los despeñaderos." (El Consolador, Ed. FEB, pág. 201) Será también que todo en la Biblia tiene inspiración divina? A despecho de la expresa prohibición: "En ti no se hallará quien haga pasar por el fuego su hijo o su hija" (Deut. 18:10), los judíos de vez en cuando quemaban sus hijos en sacrificio (II Reyes 17:17) y hasta algunos reyes cometieron ese crimen hediondo, como Manases (II Reyes, 21:16) y Acaz (II Cron. 28:3), y hasta el gran libertador Jefté, que fue Juez en Israel por seis años, fue "lleno de espíritu y ofreció a su hija en holocausto a Dios" (Jueces 11:29 y 39). Algunos textos llevan a suponer que los sacrificios humanos tenían el beneplácito de Jehová, una vez que "el hombre consagrado a Dios no podrá ser rescatado, será muerto" (Lev. 27:29). Jeu, rey de Israel por 28 años, mató 2 reyes israelitas, Acazias y Jorão (II Reyes 9:24-33), bien como todo el linaje del ex-rey Acab, inclusive sus 70 hijos (II Reyes 10:7) y más 42 hermanos de Acazias (II Reyes 10:14), además de innumerables adoradores de Baal (II Reyes, 10:25) y a pesar de tan celoso "no se apartó de los pecados del ex-rey Joroboão y ni destruyo los becerros de oro" (II Reyes 10:29). Pues fue a ese rey idólatra y sanguinario que Jehová afirmó: "Bien obraste en hacer lo que es recto a mis ojos" (II Reyes 10:30) Samuel era vidente de Dios (I Samuel 9:19), mas mandó que el rey destruyese totalmente los amalequitas, "matando desde el hombre hasta la mujer, desde los niños hasta los de mama, desde los bueyes hasta las ovejas y desde los camellos hasta los jumentos" (I Samuel, 15:3). Mas Saúl no mató a los animales y por ello fue castigado (I SAM., 15:26).Moisés, que "era el más manso de todos los hombres que había en la Tierra" (Num. 12:13), descendió del Sinaí con las "Tablas de la Ley", donde constaba el mandamiento "No Matarás" y luego, para pasar de la teoría a la prác-tica, manda matar 3 mil de sus compatriotas y por encima de ello pide la bendición de Dios para los asesinos (Éxodo32:28/29).

Josué conquistó todas las ciudades de la prometida "Canaán destruyendo totalmente a toda alma que en ellas había" (Jos. 10:35), "destruyendo todo que tenga aliento, como ordenara el Señor Dios" (Jos 10:42), lo que no es de se admirar, una vez que Jehová es "hombre de guerra" (Éxodo15:3). Cada uno tome su espada y mate cada uno a su hermano, cada uno a su amigo, cada uno a su vecino" (Éxodo32:27) "Ninguna cosa que tenga aliento dejarás con vida" (Deut. 20:16) "Si el pueblo de una ciudad incitara los moradores a servir a otros Dioses, destruirás a filo de espada todo cuanto en ella hubiere, hasta los animales" (Deut. 13:12/15) 
¡¡Santo Dios, hasta los inocentes animales!! Vea también que había diversos "Dioses", no sólo Jehová . Este, claro, era el "Dios" oficial do pueblo y, bajo su nombre, hubo de hecho manifestaciones de espí-ritus enviados por Dios. Isaías 8:19 también sugiere la misma cosa. Está escrito en Deuterono-mio, capítulo 21, versículo 23: "lo que fuese colgado en un madero es maldito de Dios". Luego, si Jesús pasó por semejante oprobio se puede concluir que las "Escrituras Sagradas" están denominando el Maestro de "maldito de Dios". Si la Biblia no puede ser discutida para un cristiano dogmático, cómo salir de esa? Cuando se tiene acceso al libro de Jonás, se nota una paradoja: "Dios" se apiada de la ciudad de Nínive, la gran enemiga de Israel, mandando al pro-feta Jonás a predicar a sus habitantes, en detrimento de los amalequitas, asesinados por orden "divina", sin oportunidad de arrepentimiento. Al final, ¿hay preferencia de "Dios" por algunos de sus hijos? Por tanto, ¿qué "Dios" es ese? Prejuzga merecer el pueblo de Nínive su misericordia, mientras que los amalequitas fueron cruelmente asesinados por su orden; Vemos en Levítico 21:16-24: 

16 Dice más el Señor a Moisés: 17Habla a Aarón, diciendo: Nadie entre tus descendientes, por todas sus generaciones, que tuviere defecto, se llegará para ofrecer el pan de su Dios. 18-Pues ningún hombre que tenga algún defecto se llegará: como hombre ciego, o cojo, o de nariz chica, o de miembros demasiado largos, 19-u hombre que tenga el pié quebra-do, o la mano manca, 20 o fuera corcovado, o legañoso, o tiene nube en el ojo, o sarna incurable, o algún empeine, o que tenga testículo lesionado o con hernia; 21-ningún hombre entre los descendientes de Aarón, el sacerdote, que tenga algún defecto, llegará para ofrecer las ofrendas quemadas del Señor; él tiene defecto; no llegará para ofrecer el pan de su Dios. 22-Comerá del pan de su Dios, tanto del santísimo como del santo; 23-con tal que no entre del velo adentro, ni se acerque al altar, porque tiene defecto; y no debe contaminar mi Santuario; porque yo soy el Señor que los santifico. 24-Moisés, pues, así habló a Aarón y a sus hijos, y a todos los hijos de Israel. Raciocinen un poco: un acto tan deshumano de PRECONCEPTO. ¿habría veni-do del propio Dios?

También en Levítico, "Dios" no parece ser el gran Fisiólogo, el Supremo Creador de la natura-leza humana, desconociendo que el proceso de la menstruación es natural, no pudiéndole ser impuesto a pecha del mundo. Así está escrito: "Si un hombre se acuesta con una mujer en el tiempo de la enfermedad de ella, y le descubre la desnudez, descubriendo su fuente, y ella des-cubre la fuente de su sangre, ambos serán eliminados en medio de su pueblo". ¿Menstruación es enfermedad? ¿El propio "Creador" desconociendo lo que creó? ¿Un "Dios" preconceptuoso, anatematizando una función normal del aparato sexual femenino? ¿Y por encima de ello, violento, al punto de expulsar la pareja de su pueblo?

En Deut. 13:6, 9 y 10, hay una orden de matar a pedradas a los adeptos de otras creencias. una apología a la intolerancia religiosa. En Levítico 22:17-18 "Dios" ordena que la oferta a ser ofrecida en el altar sea de animales sin defecto. Y es más exigente aún, cuando determina que no deban ser ofertados animales que tuvieren testículos machucados, o molídos, o arrancados, o cortados (Levítico 22:24). Los sacrificios de animales en la Biblia recuerdan bien lo que acontece en el Candomblé y Quimbanda en nuestros días.


Pablo afirmó: "Vos recibisteis la ley por misterios de los ángeles" (Hechos 7:53), explicando todavía en Hebreos 2:2: "Porque la ley fue anunciada por los ángeles ", y confirmando en la mis-ma epístola, 1:14: "Los Espíritus son administradores, enviados para ejercer el ministerio". Tam-bién en Hebreos, (1:7) Pablo afirma: "lo que hace a sus ángeles espíritus y a sus ministros como llamas de fuego". Está claro que los ángeles son espíritus reveladores de las leyes de Dios a los hombres, como afirma el Espiritismo. Pablo va aún más lejos, afirmando en Hechos 7:30-31, que Dios le habló a Moisés a través de un ángel en la sarza ardiente. Los ángeles son, por tan-to, espíritus, ministros de Dios, que los hace llama de fuego en las apariciones mediúmnicas. En Hebreos, 12:9, Pablo se refiere a Dios como "Padre de los Espíritus". Hubo casos estudiados de manifestaciones de espíritus que eran en la forma de lenguas de fuego. Esas manifestaciones confirman que los fenómenos de Pentecostés y el ángel de la sarza ardiente fueron mediúmnicos. El Espiritismo reconoce la acción de Dios en la Biblia, mas no puede admitirla como la "Palabra de Dios". En verdad, como enseñó el apóstol Pablo, fueron los mensajeros de Dios, los Espíritus, que guiaron al pueblo de Israel, a través de los médiums, entonces llamados profetas. El propio Moisés era un médium, en constante relación con Yahvé o Jehová , el Dios bíblico, violento e irascible, tan diferente del Dios Padre del Evangelio.

Debemos respetar la Biblia en su exacto valor, mas nunca hacer de ella un mito, un nuevo bece-rro de oro. Dios no dictó ni dicta libros a los hombres. 
En Números, 11:23-25, tenemos la des-cripción de dos hechos mediúmnicos valiosos. Primero, el Señor habla a Moisés. Después, Moisés reúne los setenta ancianos, formando una rueda, y el Señor se manifiesta materialmente descendiendo en una nube. Tenemos la comunicación personal de Jehová a Moisés, y a seguir o fenómeno evidente de materialización de Jehová, a través de la mediumnidad de los ancia-nos, reunidos para eso en la Tienda, cediendo ectoplasma para el fenómeno. La nube es la formación de ectoplasma en la cual el espíritu se corporifica. Sólo los que no conocen los fenó-menos espíritas pueden aceptar que allí se dio un milagro, un hecho sobrenatural. Y pueden aceptar, también, la manifestación del propio Dios. Lejos de eso. Jehová era el espíritu protector de Israel, que se presentaba como Dios, porque la mentalidad de los pueblos del tiempo era mitológica, y los espíritus eran considerados Dioses. El filósofo Tales de Mileto ya decía, en Grecia, cinco siglos antes de Cristo: "El mundo esta lleno de Dioses". Los espíritus elevados eran considerados Dioses benéficos, y los espíritus inferiores eran Dioses maléficos.

El Capítulo V del Deuteronomio es enteramente mediúmnico. Pero conviene resaltar que los sucesos de ese capítulo son mejor comprendidos cuando leemos el Éxodo, caps. 18 a 20. En los versículos 13 a 16, do capítulo 18, vemos Moisés delante del pueblo, para ser el mediador, o intérprete – mas en verdad el médium –, entre Dios y el pueblo. En los versículos 22 a 31, Cap. V, del Deuteronomio, tenemos una bonita descripción de conocidos fenómenos mediúmnicos: el monte Horebe envuelto en llamas, la nube de fluidos ectoplásmicos (materializantes), y la voz-directa de Jehová, que hablaba del medio del fuego, sin presentarse al pueblo. Y Moisés, como siempre, sirviendo de intermediario, en su función mediúmnica. Por fin, Jehová recomienda a Moisés que ordene al pueblo retirarse, pero que permanezca con él, para recibir las demás instrucciones. (Vers. 31, cap. 5 de Deut.)

En el famoso cap. 18 de Deuteronomio, tan citado contra el Espiritismo, luego tras los versículos de las prohibiciones, tenemos la promesa de Jehová, de que suscitará un gran profeta para auxiliar y orientar al pueblo. Como hacia con Moisés, el propio Jehová promete que pondrá sus palabras en la boca de ese médium. No obstante, sabiendo que todo médium está sujeto a envanecerse y dar entrada a espíritus perturbadores, Jehová determina que el profeta sea muerto: "Si hablara en nombre de otros Dioses". Este pasaje (vers. 20 del cap. XVIII) es más una confirmación bíblica de la enseñanza espírita de que, en aquel tiempo, los espíritus eran llamados "Dioses". Jehová era espíritu-guía del pueblo hebreo, y por eso considerado como su Dios, el único verdadero. Mas los profetas (médiums) de Jehová podían recibir otros Dioses, como Baal, Apolo o Zeus, por lo que la prohibición bíblica en ese sentido es terrible e inhumana, como podemos ver en los textos.

La evolución espiritual del pueblo hebreo permitiría a Jesús venir a corregir esos abusos y sustituir la concepción bárbara de Dios de los Ejércitos por la concepción evangélica del Dios-Padre, lleno de amor con todas las criaturas. El Espíritu que dictó los Diez Mandamientos a Moisés desempeñaba una elevada misión, preparando al pueblo hebreo para el monoteísmo, la creencia en un solo Dios, pues los Dioses de la Antigüedad eran mitos. A través de la medium-nidad, enseñaba a los hombres rudos de su tiempo las verdades espirituales que deberían fructificar en el futuro. Y es por eso que encontramos, en las páginas de la Biblia, no sólo el rela-to de fenómenos espíritas ocurridos en el pueblo hebreo, mas también enseñanzas precisas y claras sobre la mediumnidad. En el Capitulo XII, del libro de Números, vemos a Jehová dar a los Hebreos una de las lecciones que sólo más tarde aparecerían de nuevo, pero entonces en el El Libro de los Médiums, de Allan Kardec.

Miriam y Aaron hablaban mal de Moisés, por haber éste tomado una nueva mujer, de origen cusita. A Jehová no le gustó eso y súbitamente "descendió de la nube", para reprenderlos. Des-cender de la nube es materializarse, pues la nube es simplemente una formación de ectoplas-ma, como la Biblia deja bien claro en sus relatos. Imagine si el Señor del Universo, o Dios-Padre del Evangelio, haría este papel de proxeneta ¡Seria absurdo confundir este Jehová, siem-pre inmiscuido en los asuntos domésticos, por el propio Dios! Como espíritu-guía, podemos comprenderlo. Y es como espíritu-guía que reprende a los maldicientes, castiga a Miriam, mas antes enseña.

Primero, dice que puede manifestarse a los profetas (médiums) por medio de la visión (videncia) o de sueños. Después, recordando que Moisés es su instrumento para la dirección del pueblo, esclareció: "No es así con mi siervo Moisés, que es fiel a toda mi casa". Y añade: "Boca a boca hable con él, claramente y no por enigmas". Cinco formas de mediumnidad figuran en esa en-señanza bíblica: 
1) videncia; 
2) la de desprendimiento, o sonambúlica; 
3) la de materializa-ción; 
4) la de voz-directa; 
5) la de audiencia. El propio Jehová enseñaba la mediumnidad, como el apóstol Pablo, en su Primera Epístola a los Corintios, enseñaría más tarde a hacer una reunión mediúmnica.

Quien examine con atención el texto bíblico, observará que aquel Jehová del Antiguo Testa-mento nada tiene de común con el Dios presentado por Jesús en el Nuevo. Todo hace creer que el protector inmediato de la nación judaica era una Entidad más o menos identificada con la índole guerrera de la raza. Cada hombre, cada pueblo, tiene el Guía Espiritual que merece, compatible con su grado de evolución moral. Podía ser, tal vez, uno de los antepasados, con autoridad para imponer su dominio sobre los hombres. Tales entidades, por atrasadas que sean, no quedan al desamparo de la Espiritualidad Superior, mas es claro que esta no puede imponer enseñanzas que los asistidos no estén todavía en condiciones de asimilar. La evolu-ción tiene que venir naturalmente, siempre respetando el libre-albedrío de cada ser. Lo mismo ocurre todavía hoy, con los "prietos-viejos" y "orixás" que orientan los cultos africanos. Cuando se dedican al bien, trabajando en favor de los que sufren, reciben asistencia y orientación de los Espíritus elevados. Si prefieren la práctica del mal, se tornan víctimas de entidades malévolas y quedan entregados a su propia suerte hasta que, cayendo en sí, perciban la voz de la concien-cia y, arrepentidos, se vuelvan hacia Dios.

El examen del Viejo Testamento nos lleva a dos alternativas: o era el propio legislador quien, con el propósito de infundir respeto, atribuía a la Divinidad todos aquellos arrebatos de feroci-dad de que el Antiguo Testamento está repleto, o Dios se hacía representar ante el pueblo por una deidad tribal, tal vez hasta más de una, como se infiere en Gen. 3:22: "Es que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal". Y la prueba de se trataba de un espíritu toda-vía un tanto materializado es que "habitaba en el tabernáculo" (II Sam. 7:6), o "de tienda en tien-da" (I Cron. 17:5) y "se complacía con el olor de los animales inmolados en holocausto" (Núme-ros 29:36) El Dios que amamos y adoramos no puede estar sometido las pasiones humanas. No se concibe un Dios de infinita perfección tomado de rencor, pronto a descargar sobre sus cria-turas su tremenda ira. Y sin embargo, aunque Él se diga "misericordioso y piadoso, tardío en encolerizarse y grande en beneficencia y verdad" (Éxodo34:6), se cuentan más de 60 accesos de cólera entre los libros Éxodo y II Reyes. 


El Jehová del Antiguo Testamento, que dio a su pueblo el mandamiento "no matarás", mandaba a exterminar los enemigos (y hasta los amigos...) con increíble ferocidad. ¿Cómo explicar tamaña contradicción? El apóstol Juan afirmó: "Dios nunca fue visto por nadie" (Juan 1:18) y "nadie jamás vio a Dios" (I Juan 4:12), lo que fue confirmado por S. Pablo: "(aquel) a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver" (I Timoteo 6:16) y por el propio Jesús: "No que algún hombre halla visto al Padre" (Juan 6:46). Mas leemos en el Antiguo Testamento que Dios dice: "Yo me reaparecí a Abraham, Isaac y Jaco" (Éxodo6:3) y que Moisés, Aarón, Nadib y Abiu y más de 70 ancianos vieron a Dios (Éxodo24:9-11). Hablaba Dios a Moisés cara a cara, como cualquier hombre habla a su amigo" (Éxodo33-11) y aún así le advirtió: "No podrás ver mi faz, porque hombre ninguno verá mi faz y vivirá" (Éxodo33:20) y en seguida abrió una concesión: “verás mis espaldas, mas mi rostro no podrás verlo” (Éxodo33:23). Mientras tanto el propio Dios afirmó: “Yo hablo con Moisés boca a boca y él ve la forma del Señor” (Núm. 12:8) y más : “Cara a cara el Señor habló con nosotros en el monte, en medio del fuego” (Deut. 5:4) y "(Moisés) a quien el Señor conocerá cara a cara" (Deut. 34:10). Finalmente, "Dios por dos veces se le apa-reció a Salomón" (I Reyes 11:9). ¿En qué quedamos, Dios fue visto o no? La afirmación de que la Biblia es la palabra de Dios, se basa en los versículos: 
16-Toda Escritura es divinamente inspirada y provechosa para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia; 17para que el hombre de Dios sea perfecto, y perfectamente preparado para toda buena obra. (II Timoteo 3) Pues bien, a mí Juan F. en 1948 me dijo: "Toda escritura divinamente inspirada es provechosa para enseñar...". Pablo se refería a las escrituras que realmente son inspiradas, no considerando otras. Y si fuese como quieren, también sería una contradicción. ¿No dicen los católicos y protestantes que no todo es inspirado, y llaman de "apócrifos" libros que no constan en sus biblias?

Más aún, la Biblia protestante excluye libros que están en la Biblia de los católicos... Me gusta-ría saber en qué, toda aquella guerra y, principalmente, aquella demostración de PRECON-CEPTO contra deficientes físicos, podría ser "provechosa para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia; para que el hombre de Dios sea perfecto, y perfectamente preparado para toda buena obra.". No creo TAMPOCO que Pablo estuviese hablando de toda la Biblia. Otras argumentaciones de los que afirman que la Biblia es la "Palabra de Dios": "Jesús: a.- la leyó (Lc 4:16-20); 
b. - la enseñó (Lc 24:27);" 
Pero también la resumió en "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo". Nosotros, espíritas, creemos que la Biblia CONTIENE la Palabra de Dios, mas no es enteramente la Palabra de Dios, infalible, incuestio-nable... Jesús afirmó que ellas eran la verdad” (Ju 17:17); Dice el versículo 14: "Yo les di tu palabra; y el mundo los odió, porque no son del mundo, así como yo no soy del mundo." Jesús se refería a la palabra que él trajo.

Esa, sí, que vino de Dios. Jesús la llamó "La Palabra de Dios" (Ma 7:13); Nuevamente, no toda la Biblia. Jesús vivió y procedió de acuerdo con ella" (Lc 18:31); Tomando Jesús consigo los doce, les dijo: Es que subimos a Jerusalén y se cumplirá en el hijo del hombre todo lo que por los profetas fue escrito;" Se refería a las profecías sobre el Mesías, que se cumplían con Él. Declaró que el escritor David habló por el Espíritu Santo" (Ma 12:35,36); Inspiración mediúm-nica (lea ítem Espíritu Santo) Jesús la cumplió (Lc 24:44). Jesús pone su aprobación en todas las Escrituras del Antiguo Testamento pues" Leyes, Salmos y Profetas "eran las tres divisiones de la Biblia en los días en que el nuevo Testamento todavía estaba siendo formado." "44-Des-pués le dice: Son estas las palabras que os hablé, estando todavía con vosotros, que importaba que se cumpliese todo lo que de mi estaba escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos. 45-Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras; 46-y les dice: Así está escrito que el Cristo padeciese, y al tercer día resurgiese de entre los muer-tos;" (Lc 24:44-46) Una vez más, se refería apenas las profecías a su respecto. En cada persona que acepta a Jesús como Salvador, el Espíritu Santo pone en su espíritu la certeza en cuanto a la autoría de la Biblia. Es una cosa automática. No es preciso que nadie enseñe eso. Quien de hacho acepta a Jesús, acepta también la Biblia como la Palabra de Dios, sin argumentar."


¡Ahora, eso es una invitación a la fe ciega! En Ju 7:17, Jesús muestra como podemos tener dentro de nosotros el testimonio del Espíritu Santo en cuanto a la autoría divina de la Biblia: “Si alguien quiere hacer la voluntad de Dios …” .14-Estando, pues, la fiesta ya en medio, subió Jesús al templo y comenzó a enseñar. 15-Entonces los judíos se admiraban, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado? 16- Respondióles Jesús: Mi doctrina no es mía, mas de aquel que me envió. 17-Si alguien quisiera hacer la voluntad de Dios, ha de saber si la doctrina es de Él, o si yo hablo por mi mismo. 18-Quien habla por sí mismo busca su propia gloria; mas el que busca la gloria de aquel que la envió, ese es verdadero, y no hay en él injusticia. (Juan 7:14-18) Muestra que Jesús no es Dios, sino un enviado de Dios, trayendo la palabra de Dios. Y dice lo obvio: que debemos reconocer lo que es su palabra y la palabra de Dios, para procurar cumplir esta última. No dice nada sobre si la Biblia es divina o no.


Las fallas de la Biblia

"1-¿Cómo puede Dios crear la luz antes del Sol? – (Génesis 1:3 14). Como separó El la luz de las tinieblas (Génesis 1:4), si éstas nada más son que la privación de la luz? ¿Como hizo el día antes de que el sol fuese creado? 
2-¿Cómo afirmar que del Edén salía un río que se dividía en otros cuatro, uno de los cuales, el CIOM, que corría en el país de Cuse (Etiopía) (Génesis, 2:13) sólo podía ser el Nilo, cuya naciente distaba más de mil leguas de la naciente del Eufrates? 
3-¿Por qué la prohibición de comer del fruto del “árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2:17), si es un hecho que, dando el uso de la razón al hombre, Dios sólo podría estimularlo a instruirse? Acaso prefería El ser servido por un tolo? 
4-¿Por qué se atribuyó a la serpiente el papel de Satán (Apoc. 12:9), si la Biblia apenas dice que “la serpiente era el más astuto de los animales” (Génesis 3:1)? ¿Qué lengua hablaba esa serpiente, y cómo andaba ella antes de la maldición de que pasaría a arrastrase sobre el vientre y comer tierra? (Génesis 3:14) ¿Y cómo explicar la desobediencia de la serpiente, si nunca se oyó hablar de cobra que comiese polvo? ¿Y cómo explicar que tantas mujeres puedan hoy dar a luz sin dolor y tantos hombres coman su pan sin precisar del sudor de su frente? (Gen. 3:16/19) 
5-¿Cómo puede ser punido con tanto rigor un ente primitivo como Adán, que no sabia discernir entre el bien y el mal? (y la prueba de eso se encuentra en el verso 22: 'Es que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal'). Caín cometió un fratricidio y no mereció una pena tan severa; a despecho de la maldi-ción: “Fugitivo y vagabundo será en la Tierra” (Génesis 4:12) fue para Node, donde constituyó familia y hasta construyó una ciudad (Génesis 4:17) y “sus descendientes fueron maestros en varias artes” (Génesis 4:20/22) 
6-Los teólogos pretenden que la muerte entró en el mundo en consecuencia del pecado de Adán (por lo menos esta es la enseñanza de San Irineo en el 1º Siglo, confirmado por San Agustín). Pregunta: ¿Cómo estaría hoy la población de la Tierra si la humanidad sólo naciera? ¿Y por qué la punición tuvo que ser extendida a los animales, que nada tuvieron que ver con el pecado de Adán? 
7-¿Como podrán encerrar “parejas de todos los animales de la Tierra” (Génesis 6:19) en una arca de 300 codos (198 m) de ancho por 50 de largo y 30 de altura (Génesis 6:15) ? ¿Cómo conseguirían recoger todos esos animales y reunir tantos y tan variados alimentos y de qué modo si hubo 8 personas a bordo (Génesis 7:13) para alimentarlos a todos (y limpiar todos los desechos) durante más de un año? Nótese que el diluvio comenzó el 17 del 2º mes (Génesis 7:11) y los que en ella habían entrado siete días antes (Génesis 7:10) sólo salieron del Arca el 27 el segundo mes (del año siguiente es obvio) (Génesis 8:14) 
8-Si Dios es justo y si fue El propio que endureció el corazón del Faraón para que no permitiese la salida de los israelitas (Éxodo 11:10), ¿por qué tendría de matar a todos los primo-génitos de Egipto, inclusive muchos millares de inocentes niños y hasta los primogénitos de todos los animales? (Éxodo12:29) 
9-¿Como habrían los magos egipcios transformado el agua del Nilo en sangre (Éxodo7:22), si Moisés ya lo había hecho antes? (Éxodo7:20). Y ¿cómo pudieron perseguir a los israelitas con su ejército desfalcado de todos los primogénitos (Éxodo12:29) y empleando su caballería (Éxodo14:23), si en la 5a plaga habían sido muertos todos los caballos? (Éxodo9:6) 
10-Si el mar se tragó todo el ejército del Faraón, éste inclusive (Éxodo14:28) no es de extrañar que con al descifrar los jeroglíficos, que permite hoy conocer toda la historia del antiguo Egipto, no se halla encontrado una sola referencia a tan espantosa calamidad? 
11-¿Cómo entender que los autores del Antiguo Testamento, tan precisos al citar por los nombres decenas de pequeños reyes de las ciudades vencidas, como Adonizedeque (Josué 10-1), Hoão, Pira, Zafia, Debir (Josué 10:3), Hoão (Jos. 10:33), Jabim, Jobab (Josué 11:1), Seom (Josué 12:2), Igue (Josué 12:4), Jeb (Jueces 7:25), Salmuna y Zeba (Jueces 8:5), Agag (I Samuel 15:8), Aquis (I Samuel 21:10), etc., nunca han mencionado el nombre del Faraón que reinaba al tiempo de la huida de los israelitas, el cual es citado tantas veces en los primeros 14 capítulos del libro del Éxodo? 
(...) 
14-¿Cómo entender que fuesen elegidos y protegidos por Dios asesinos como Eude, que apuñaló a traición al rey Eglom (Jueces 3:21), David, que hizo morir a Urias, para tomarle la mujer (II Samuel 11:15) y Salomón, que teniendo 700 mujeres y 300 concubinas (I Reyes 11:3), mandó a matar a su hermano Agonías sólo porque éste le pidiera una? (I Reyes 2:21 y 25) 
(...) La historia de todos los pueblos está repleta de leyendas, creencias, mitos, alegorías, supersticiones. ¿Por qué la de los judíos tendría que ser diferente?

Cuando el historiador pertenece a otra comunidad, o se encuentra alejado de los aconteci-mientos en tiempo y espacio, todavía se puede esperar alguna imparcialidad. Mas, si quien narra la historia es uno de los propios interesados, es natural que procure exagerar los hachos de los compatriotas, sea contemporáneos o antepasados, y subestimar los de sus adversarios. Ello ocurre hasta en los tiempos actuales, en que los eventos quedan registrados en la prensa, en libros, en los filmes, en vídeos, etc. Igualmente los hechos contemporáneos, ampliamente divulgados y documentados por todos los medios de registro disponibles, se prestan a interpre-taciones diferentes, al sabor de las conveniencias de cada grupo. La paternidad del avión, inventado ya en el inicio del siglo XX, ¿no es atribuida por los norte-americanos a los hermanos Wright, con evidente indiferencia a los méritos de nuestro Santos Dumont? Imagínese lo que no ocurriría en los tiempos primevos, cuando los acontecimientos eran transmitidos por tradición oral, y sólo mucho después venían a ser registrados por escrito... 
(...) ¿No hay evidente exage-ración en afirmar que los israelitas en un solo día mataron 100 mil sirios? (I Reyes 20:29). A nuestro modo de ver, cien mil hombres no mueren fácilmente en un solo día ni con las más devastadoras armas modernas. Con las bombas nucleares existe la posibilidad, mas hasta el momento no nos consta haya de hecho ocurrido. Las lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki en 6 y 9-8-45 no llegaron a exterminar tanta gente, por lo menos no en el primer día. Y nótese que no fueron lanzadas contra ejércitos aguerridos, mas contra poblaciones civiles. Si con los recursos altamente sofisticados de la tecnología actual la empresa no es fácil, imagínese lo que no sería en los tiempos en que las armas más letales eran espadas y lanzas, y los vehículos más veloces eran carros tirados por caballos y camellos...

Por la misma razón no nos parece muy verosímil que el "Ángel del Señor" haya en una sola noche exterminado 180 mil asirlos (II Reyes 19:35), ni que 120 mil “midianitas” hayan sido muertos por los 300 de Gedeon (Jueces 8:10), en que los judíos habían eliminado en un sólo día 120 mil de la tribu de Judá, “todos hombres poderosos, por haber abandonado el Señor Dios de sus padres” (II Crónicas 28:6), y también llevado cautivas 200 mil mujeres y niños de su pue-blo hermano (II Crónicas 28:8). ¿Y qué decir de los “500 mil hombres escogidos que caye-ron heridos en Israel”? (II Crónicas 13:17). Y, ¿que decir del millón (1 millón) de etíopes que 'fueron destrozados sin restar ni uno siquiera'? (II Crónicas 14:9 y 13). ¿Será que Etiopía ya disponía en aquel tiempo de 1 millón de habitantes? (nota en el rodapié de la página: Tenemos dos biblias traducidas Almeida, ambas editadas por la Sociedad Bíblica Brasilera, con redacción diversa del cap. 13. La de 1966 dice como está arriba. La de 1969 (edición revista y CORREGIDA) reza: “cayeran tantos etíopes que ya no había en ellos vigor alguno”... Véase como van poco a poco alterando el texto!) 

(...)

Jamás nos pasaría por la mente la intención de despreciar el papel de la Biblia como regla de fe de la Cristiandad, y no serian pigmeos como nosotros que osarían tan inasequible tarea. Sabe-mos y proclamamos que ella es el fanal de todos los pueblos cristianos, y que las preciosas enseñanzas morales en ella contenidas brillarán y continuarán a brillar por muchos siglos con-curriendo para disipar las tinieblas de la ignorancia de los hombres siempre que ellos estuvie-ren a la altura necesaria para poder asimilarlas. Aquello que únicamente objetamos es la tesis de la “infalibilidad” de la Biblia, la idea de que ella contiene toda la Verdad y que todo cuanto contiene es la palabra salida de los labios del propio Dios. Lo que afirmamos es que la Biblia fue escrita por hombres y por eso mismo está repleta de fallas resultantes de la imperfección humana. Pretender que allí esté la Verdad como un bloque monolítico, es sembrar confusión en la mente de hombres que ya aprendieran, o por lo menos debían haber aprendido, a razonar."

Pedro - Primer Papa

Los católicos nos critican (y también a los protestantes) por no aceptar los Papas como suce-sores de Pedro e inspirados pelo Espíritu Santo. Veamos los argumentos usados por ellos: "También yo te digo que tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (Mateo 16:18) En la Epístola a los Efesios, Cap II, v.20, está escrito claramente que la Iglesia está fundamentada sobre la fe de los apóstoles y Profetas, siendo Jesús Cristo la principal piedra del ángulo. S. Cirilo escribió: "La roca o piedra de que nos habla Mateo, es la fe inmutable de los apóstoles". S. Crisóstomo cuando, en su homilía 56 con respecto a Mateo, escribe: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia: y esta roca es la confesión de Pedro." ¿Y cuál fue la confesión de Pedro? Está en el versículo 16: "Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo".

San Agustín se expresa así sobre la Primera Epístola de S. Juan: "Edificaré mi iglesia sobre esta roca, significa claramente que es sobre la fe de Pedro". En su tratado 124 sobre lo mismo S. Juan, se encuentra esa frase: "Sobre esta roca, que acabáis de confesar, edificaré mi iglesia; y la roca era el propio Cristo, hijo de Dios". Tanto ese santo no creía que la Iglesia fuese edificada sobre San Pedro, que dice en su sermón en el 13: "Tu eres Pedro, y sobre esta roca o piedra que me confesaste, que reconociste, diciendo: Tu eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi iglesia, sobre mi mismo; pues soy el Hijo de Dios vivo. Edificaré sobre mi mismo, y no sobre ti." ¿Habrá cosa más clara? Dicen las escrituras que Cristo hasta prohibió a Pedro y sus colegas de reinar o ejercer señorío (Lucas, XXII, 25 y 26). Cristo prometió tronos a los apóstolos (Mateo, Cap. XIX, v. 28), sin decir que el de Pedro sería más elevado que los de los otros.

Los concilios de los cuatro primeros siglos nunca dieron, ni reconocieron el poder y la jurisdicción que los obispos de Roma querían tener. Claro que Pedro, después de Jesús desen-carnar, seria el punto de partida para las futuras predicas evangélicas. Y así, después de la crucifixión, vamos a encontrar a Pedro en Jerusalén, como centro irradiador de fuerzas espiritua-les y de enseñanzas para el Cristianismo naciente. Y más tarde, al lado de Pablo en Roma, Pedro articula los trabajos evangélicos que se desenvolvían en la gran ciudad, trabajando fiel-mente hasta caer víctima de la persecución. Atendiendo a su fe franca y sincera y a su espíritu ponderado y humilde con mucho coraje de luchar, Jesús confía a Pedro la orientación de los primeros pasos del Cristianismo y a dirección de los primeros trabajos de la diseminación del Evangelio. Mas, ¿donde está escrito que Pedro tendría sucesores, escogidos por los hombres, y que esos sucesores vivirían de la religión y no para la religión? ¿Dónde dice que los sucesores serian considerados infalibles y serian chamados "santidad"? No dice eso, ni que los padres se-rían sucesores de los apóstolos con poder de perdonar pecados. Dice que los apóstolos perdo-nasen, pues esos eran médiums, estaban preparados, sabían reconocer a quien tuviera real-mente fe, quien estaba realmente transformado y merecía ser perdonado, como hacia Jesús, inclusive CURANDO los enfermos tras perdonar, obviamente librando ellos de las enferme-dades causadas por los pecados de que ahora eran perdonados. Es un absurdo comparar el ejemplo de humildad y lucha de Pedro con los Papas a lo largo de la Historia. Pedro jamás aceptaría el título de "Santidad", mucho menos ser considerado infalible. Mayor absurdo es todavía decir que el Papa es representante de Jesús o Dios (o que para los católicos y evangélicos es la misma cosa) en la Tierra. Sólo podemos considerar eso como una enorme PRESUNCIÓN.

Cristo dice: "El hijo del hombre no tiene una piedra para reclinar la cabeza, mientras las aves del cielo tienen sus nidos y los lobos tienen sus covis". Nació en un pesebre, en un lugar mo-desto, en una gruta. Murió en la cruz. Toda a su vida fue muy simple. Él es el jefe de la Iglesia Católica y nada más. El siglo IX es conocido por los escándalos pontifícales. El tiempo en que los papas, sanguinarios y mundanos, eran designados por mujeres disolutas, como Teodora y Marozzia. El Papa Gregorio, el Grande, condenó el culto a los ídolos y Bonifacio III y IV restable-cieron el mismo culto. ¿Cuáles de estos era más infalible e inspirado por el Espíritu Santo? En el inicio del siglo V, el padre Juan Huss, mártir y héroe nacional de la antigua Checoslovaquia, rector de la Universidad de Praga, fue quemado a la hoguera por la Iglesia, por causa de los sus trabajos negando a autoridad del Papa, censurando los vicios del clero, las indulgencias, etc. Apelan los católicos para el hecho de Jesús haber prometido asis-tencia para su Iglesia y que las puertas del infierno no prevalecerían contra ella. Mas Jesús ciertamente no fue convente con los absurdos cometidos por la Iglesia Católica a lo largo de la Historia. su Iglesia es la de "un sólo rebaño y un sólo pastor", y no exclusivamente la Católica o una de las diversas iglesias evangélicas, cada una de ellas diciendo ser la Verdadera. Jesús hablaba de la VERDADERA IGLESIA DEL CRISTO, la que lleva a la reforma íntima, la transformación del individuo y, por fin, de toda la Humanidad. El infierno no prevalecerá contra los que colocaren sus enseñanzas en práctica, y no los de esa o de aquella Iglesia. Jesús no creó una Iglesia con una jerarquía basada en valores materiales, sino espirituales.

martes, 26 de agosto de 2008

Constatación Científica de la Reencarnación

El recuerdo espontáneo del pasado, de hechos que ocurrieron con una personalidad distinta en una época anterior a la actual existencia, es de significativo científico valor científico. A través de relatos de la personalidad anterior analizados minuciosamente y comprobados, la hipótesis de la reencarnación se transforma en un hecho y, contra un hecho no se tiene negativa plausible.

Lo que vamos a intentar buscar, basándonos en lo que la ciencia ofrece, es demostrar que la Reencarnación es una realidad científica, utilizando datos suministrados por la ciencia, para combatir a la propia ciencia pacíficamente.

A lo largo de nuestra historia contemporánea, nos encontramos con muchos científicos que han rechazado la idea de la Reencarnación. Han sido y son personas muy instruidas, doctorados la mayoría de las veces en Universidades de renombre, y con cierto prestigio dentro de la ciencia, eso casi siempre les ha frenado a la hora de aceptar conceptos, teoría e ideas, debido al miedo de perder su status y ser ridiculizados ante sus colegas, como le ocurrió a Charles Richet. Sin embargo, en muchos casos la evidencia ha sido tal, que incluso siendo enemigos o no simpatizantes de tal teoría, se han tenido que rendir a esa misma evidencia, ya sin pre-conceptos y prejuicios, han hecho públicos sus trabajos, luchando en un medio hostil, al punto de ir abriéndose camino; demostrando con sus investigaciones , estudios y comportamiento ético, que no estaban equivocados y que al aceptar esos nuevos caminos, les han llevado a aliviar el sufrimiento de muchos seres humanos.

La humanidad siempre se ha resistido al cambio y a la aceptación de ideas nuevas. Los textos históricos están llenos de ejemplos. Cuando Galileo descubrió las lunas de Júpiter, los astrónomos de su época se negaron a aceptar su existencia e incluso mirar esos satélites, pues estaban en conflicto con las creencias aceptadas. Igualmente pasa hoy con la posición de muchos terapeutas, que se niegan a examinar y evaluar las considerables pruebas que han sido reunidas acerca de la supervivencia tras la muerte física, y sobre los recuerdos de vidas pasadas.

La demostración efectiva de la Reencarnación, se puede demostrar principalmente a través de:
a.- En la regresión de la memoria que puede efectuarse por fuerza de sugestión hipnótica, relajamiento profundo s o recuerdos espontáneos de existencias anteriores, sin que se identifi-que, aparentemente, una causa justificada. En este último caso. el recuerdo tanto puede darse en el sueño común como en el estado de vigilia.
b.- En los dictados mediúmnicos, en que el médium es capaz de trasmitir revelaciones sobre existencias anteriores, propias o de otras personas.
c.-En las ideas innatas y en los niños prodigio, que avalan las bases científicas de la herencia (espiritual), también tenemos los Birthmarks (marcas en el cuerpo físico) como prueba que
más que ayuda a corroborar las investigaciones que sobre este campo se han realizado
(Nota del administrador: Este magnífica ponencia expuesta en el Congreso Espírita de Madrid
por Rafael Esteban el 09.12.00, y puede accederse en el portal de la Federación Espírita Española.)

hhtp://www.espiritismo.cc/modules.php?name=Sections&op=viewarticle&artid=28


jueves, 20 de marzo de 2008

Jesús en el espiritismo

"Jesús no fue cristiano. Es anticristiano, no pertenece al cristianismo… Su bondad, su pureza, su estoicismo, no caben dentro del cristianismo… Haga­mos como Barbusse: disputémosle a Jesús a los católicos… arreba­témoslo de las garras de la Iglesia… Reivindiquemos a Jesús como el más bello, el más puro, el mayor, el más delicado de todos los sueños de Belleza, Libertad y Amor”.
María Lacerda de Moura.

JESUS EN EL ESPIRITISMO

En toda la obra de Allan Kardec, brilla la figura de Jesús de Nazareth como una referencia fundamental. Así, en el texto capital de la Doctrina Espírita, "El Libro de los Espíritus", se le coloca en sitial de honor como "el arquetipo de la perfección moral a que puede aspirar la humanidad en la Tierra", y en ello se sincronizaba el Codificador, con las declaraciones de las personalidades más relevantes de la historia. Spinoza, lo llamó "el filósofo por excelencia" y Brisbane "el espíritu más bello que ha nacido en el mundo".

Sin embargo, la figura de Jesús se ha visto, por dos milenios, continuamente ensombrecida por tendenciosas deformaciones e interpolaciones respecto a su vida, así como por mitos y ritos practicados en su nombre. En lugar del Jesús filósofo se creó un Jesús mitológico, repleto de contradicciones. Con razón observa Couchaud que 1a figura de Jesús aparece en los Evangelios, unas veces inmensa y otras veces microscópica. La una es la más completa antítesis de la otra".

Las religiones cristianas que dicen actuar en su nombre son las directas responsables de esa situación. Creyeron elevarlo, excluyéndolo de su condición humana y divinizándolo. Le hicieron nacer de una virgen, concebido extracarnalmente, en un acto de prestidigitación, obviamente plagiado de la antiquísima mitología brahmánica. Convirtieron su excelsa doctrina, fundamen-tada en el amor y el perdón, en una religión idolátrica, mucho más interesada en la posesión y acumulación de bienes temporales que en la exaltación de los legítimos valores espirituales.

La visión espírita de Jesús, planteada por Kardec con el debido asesoramiento de los espíritus que orientaron su trabajo en la Codificación, está dirigida a rescatar la historicidad, la humani-dad y la moralidad de aquel excelso Apóstol del Amor. El Espiritismo no conviene con las falsas posturas, ni de los religiosos ni de los materialistas, que con extravagantes hipérboles, de un lado convierten a Jesús en un Dios y del otro lo acusan de las barbaridades inquisitoriales de la Edad Media, no faltando incluso quienes niegan su existencia histórica.

Lamentablemente, también en la doctrina y en el movimiento espírita se han presentado tergiversa ci on es respecto a la vida y obra de Jesús. Personas que llegaron ai Espiritismo con un fuerte equipaje místico, mezclaron sus atavismos religiosos, de los cuales no lograron desembarazarse, con las ideas de supervivencia, reencarnación y mediumnidad. Así, trajeron a la nueva Doctrina, el antiguo mito de la divinidad de Jesús e incluso de la virginidad de María. Para ellos no es suficiente llamarlo Jesús, como el ilustre Nazareno lo deseó, sino que lo mitifican como "Nuestro Divino Señor Jesucristo" y le rezan insulsas e inexpresivas oraciones. Son, como los etiquetó nuestra querida Amalia Domingo y Soler, "espiritistas anfibios". que, incapaces de asumir definiciones, se mueven en dos ambientes. Son ESPIRITOLICOS, híbridos de Espiritismo y de Catolicismo. En ocasiones, aparecen en las páginas de sus “mensuarios religiosos de Espiritismo Cristiano" diatribas contra quienes sostenemos, como auténticos kardecistas, que el Espiritismo no es religión, y por lo tanto no es ni cristiano, ni budista, judío o musulmán, sino simplemente ESPIRITISMO, Nos dicen allí que "estamos sacando a Jesús del Espiritismo". De alguna manera tienen razón, porque sí hay un Jesús que queremos sacar del Espiritismo: el Jesús mitológico del Catolicismo, que en mala hora los espiritólicos interpo-laron en la Doctrina de Kardec. Queremos. "sacar" el Jesús fluídico que el Roustainguismo infiltró en ella, Nuestro Espiritismo, el de Kardec, es y será siempre un Espiritismo con Jesús. Admiramos y amamos ai Jesús inmenso, que nos legó un código universal de ética trascen-dente. Que sembró en la historia de la humanidad un sublime mensaje de amor a Dios, y de amor al prójimo, de fraternidad, justicia, paz, igualdad y solidaridad. Queremos y sentimos nuestro al Jesús del Sermón de la Montaña, uno de los más hermosos documentos éticos y estéticos que jamás se hayan producido, destinado a sembrar la luz para redimir a la humanidad.

Pero, digámoslo con absoluta claridad: Jesús es una cosa y el Cristianismo otra bien distinta. Es un hecho que la filosofía de Jesús no es lo mismo que la teología establecida más tarde por los cristianos. Es un sofisma pretender igualar o identificar la moral predicada por Jesús, con la moral de las religiones cristianas, y por eso es perfectamente congruente afirmar que el Espiritismo con Jesús, no significa espiritismo cristiano, como tampoco la inclusión de la Doctrina moral del ilustre Maestro Siddharta Gautama, el Budha, en el contexto de la moral universal del Espiritismo, implica hacer un Espiritismo budista.

Jesús no fue cristiano. No fundó religión alguna ni estableció iglesias. Predicó una sublime filosofía de la vida basada en el amor, cuya riqueza estribó precisamente en su simplicidad pues carecía de ritos, ceremonias o cultos. Una concepción tan hermosa cuanto incomprendida en su época, y por la cual hubo de rendir su vida en holocausto a la verdad.

Los idólatras, los que le divinizan, los que le excluyen de la raza humana, los que no comprenden que él es también un espíritu sometido a las leyes del progreso reencarnatorio, los que han fundado religiones en su nombre, los que han mercantilizado sus ideales, los que han establecido cultos, ritos, liturgias o ceremonias, no han entendido aún sus más elementales verdades, y peor aún, ni siquiera lo conocen.

Así entonces, Jesús estará siempre en el Espiritismo, como HOMBRE de amor inmenso y noble corazón, como PENSADOR racionalista y espiritualista, firme y sereno, que mostró ser consecuente hasta lo último con sus principios, como APOSTOL del Bien y de la Verdad. Este es el Jesús que aprendimos con Allan Kardec, y es el que reivindicamos para el Espiritismo.

Lic. Jon Aizpúrua

sábado, 1 de marzo de 2008

Apuntes de la Revista Espírita (Varias)

Una carta venida de Lyón, datada de 7/12/1862, refiere los ataques proferidos contra el Espiritismo por un cierto señor, obispo en Texas (EUA), en sermón proferido en la iglesia de Saint-Nizier, delante un auditorio de cerca de dos mil personas, entre las cuales había un gran número de espíritas. Comentando ese y otros sermones noticiados por la Revista, Kardec dice que fue gracias a ataques de ese jaez que el número de espíritas creciera en Francia, porque las mentiras y la desviación de las ideas, proferidas en los sermones, acaban siendo después desmentidas con la lectura de las obras espíritas. (PP. 40 a 46)
24. Kardec añade que es preciso estar muy carente de razones para recurrir a calumnias como la presentada por cierto sacerdote que dice ser el Espiritismo favorable a la desunión de la familia, al adulterio, al aborto y al comunismo. “¿Tenemos necesidad de refutar estas aserciones? No: basta remitir al estudio de la doctrina, a la lectura de lo que ella enseña, que es lo que se hace en todas partes”, concluye el Codificador lionés. (PP. 47 a 49)

En un periódico de Rusia, denominado Doukhownaia Beceda (Prácticas Religiosas), dos jóvenes de Moscú publicaron un artículo conteniendo violentas críticas a las sesiones realizadas en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas, de las cuales ellos habían participado en noviembre último. Kardec los llama espías, personas que decían actuar de buena fe y, sin embargo, relataron de forma mentirosa lo que allí vieran. (Págs. 174 a 181.)
5. En su respuesta a los jóvenes rusos, Kardec arrolla las falsedades y bobadas constantes del artículo y, con vehemencia, refuta la información divulgada por los rapaces de que era preciso pagar para asistir a las reuniones de la Sociedad Espírita de Paris. (Págs. 175 a 181.)
6. La nueva táctica de los adversarios del Espiritismo – observa en seguida el Codificador – estaba evidente: no pudiendo combatir lealmente las ideas espíritas, ellos acogían decididamente la mentira y la calumnia, intentando con ello denigrar la doctrina y los espiritistas. La lucha estaba, pues, lejos de llegar su fin, lo que no se debería lamentar, por cuanto fue por la oposición que le hicieran que el Espiritismo creció. A ejemplo del Cristianismo, que no fue abalado por las persecuciones y mismo creció por sus mártires, el Espiritismo, que es un Cristianismo apropiado al desenvolvimiento de la inteligencia y desprendido de los abusos, crecerá del mismo modo, bajo la persecución, porque – como la doctrina cristiana – él también es una verdad. (Págs. 181 y 182.)
7. El Espiritismo – advierte Kardec – tiene aún que pasar por duras pruebas y es ahí que Dios reconocerá sus verdaderos seguidores por el coraje, firmeza y perseverancia que demostraren. El medio de evitar las maquinaciones de los enemigos es seguir lo más exactamente posible la línea de conducta trazada por la doctrina: su moral, que es su parte esencial e inatacable. Platicándola, no se da entrada a ninguna crítica fundada y la agresión se torna más odiosa y, por eso mismo, sin credibilidad. (Págs. 183 a 185.)


35. ¿Qué enseña de nuevo el Espiritismo? Este es el tema de abertura del número de agosto de 1865, que mereció de Kardec alentadoras consideraciones. (Págs. 219 y 220.)
36. Kardec admite, inicialmente, que el Espiritismo nada inventó, porque las verdades son eternas y, por ese motivo, deben haber germinado en todas las épo­cas. Es el caso de las enseñanzas relativas a la reencarnación, a las penas eter­nas, a la inmortalidad, al periespíritu y a tantos otros. (Págs. 219 y 220.)
37. ¿No habría sido, empero, alguna cosa haberlos sacado del olvido? ¿Haber probado lo que antes estaba en estado de hipótesis? ¿Haber demostrado la existencia de una ley en lo que parecía fortuito? (Pág. 220.)
38. El Espiritismo – observa Kardec – tiene aún mucho que enseñar y jamás pretendió haber dicho la última palabra. Su a, b, c fueron las mesas girantes, mas él no paró ahí y dio desde entonces, y en pocos años, pasos bien grandes. (Pág. 220.)
39. Los que reclaman novedades y nuevas revelaciones precisan antes esclarecer si ya aprovecharon lo que la doctrina espírita enseña, por cuanto sólo con el auxilio de esas instrucciones, si las aprovechan, es que podrán elevarse bastante para tornarse dignos de recibir una enseñanza superior. (Pág. 221.)
40. El Espiritismo tiende hacia la regeneración de la humanidad. Pero, no pudiendo esa regeneración operarse sino por el progreso moral, resulta de ahí que su objetivo esencial, providencial, es el mejoramiento de cada uno. Los misterios que él nos puede revelar son la parte accesoria, porque eso de nada adelanta si no fuéramos mejores. Es, pues, en su mejoramiento individual que todo espírita sincero debe trabajar, antes que todo. Sólo aquel que dominó sus malas inclinaciones aprovechó realmente el Espiritismo y recibirá su recompensa. Es por eso que los buenos Espíritus, por nueva orden de Dios, multiplican sus instrucciones y las repiten a la sociedad. (Pág. 221.)
41. Los resultados del Espiritismo, aún así, no se limitan apenas a las enseñanzas morales, mas incluyen otros aspectos que adelante sintetizamos:
I – él provee, como todos saben, la prueba patente de la existencia y de la inmortalidad del alma.
II – Por la firme creencia que desenvuelve, ejerce una acción poderosa sobre la moral del hombre, llevándolo al bien, consolándolo en las aflicciones y dándole fuerza y coraje en las probaciones de la vida.
III – Rectifica las ideas falsas sobre el futuro del alma, el cielo, el infierno, las penas y las recompensas, descerrando a los ojos del hombre a vida futura.
IV – Revela o que pasa en el momento de la muerte y la desvela al hombre.
V – Con la pluralidad de las existencias abre un nuevo campo a la filosofía y explica la causa de las miserias humanas y de las desigualdades sociales.
VI – Da a conocer el mecanismo de las sensaciones y de las percepciones del alma y de los fenómenos espíritas.
VII – Prueba las relaciones existentes entre el mundo corporal y el mundo espiritual, mostrando en este último una de las fuerzas activas de la naturaleza.
VIII – Revela la causa de las obsesiones y da los medios de curarlas.
IX – Nos hace conocer las verdaderas condiciones de la oración y su modo de acción, revelándonos la influencia recíproca entre encarnados y desencarnados.
X – Nos da a conocer la magnetización espiritual, antes ignorada, abriendo al magnetismo una nueva vía y le confiere un nuevo y poderoso elemento de cura. (Págs. 222 y 223.)


42. Dicen que los espíritas sólo saben el a, b, c del Espiritismo. Aprendamos, entonces, a deletrear ese alfabeto – aconseja Kardec. Y eso no es problema para un día, porque pasará mucho tiempo antes de que el Espiritismo agote todas las combinaciones y recogido todos los frutos. ¿Ya lanzaron los espiritistas la simiente en todas partes? ¿No restan más incrédulos a convertir, obsesados a curar, consolaciones a dar, lágrimas a enjugar? Ahí están nobles ocupaciones que valen bien la vana satisfacción de saberlas un poco más y un poco más temprano que los otros. (Págs. 224 y 225.)


76. La Revista transcribe carta de un correspondiente en que este narra el diálogo mantenido con el Espíritu de un sacerdote católico – el padre D... – recientemente desencarnado, el cual fuera, en vida, un adversario declarado del Espiritismo. (Pág. 287.)
77. Evocado en el grupo espírita, el padre D... se dice convencido de la reali­dad de las manifestaciones espíritas. “Sí – reconoció él –, los Espíritus se comu­nican, y no son apenas los demonios, como nosotros enseñamos.” El padre mantenía, no obstante, curiosamente, su opinión de que la expansión del Espiri­tismo no sería un bien, mas un mal para la sociedad. Las divisiones operadas en el seno de los espíritas constituían, a su ver, un peligro e indicaban que el Espiritismo, como las doctrinas filosóficas que lo precedieran, no tendría una vida larga. (Págs. 287 a 291.)
78. Kardec analiza en profundidad los argumentos del sacerdote desencar­nado y teje al respecto diversas consideraciones, adelante resumidas:
I – Decir que el Espiritismo es bueno por su esencia y malo por sus resultados, como afirmó el padre D..., es ir contra la lógica, es despreciar la máxima de Cristo, tornada proverbial: “Una árbol bueno no puede dar malos frutos”.
II – No fue el Espiritismo quien inventó la manifestación de los Espíritus, ni es la causa de su comunicación. Él apenas constata un hecho, que se produjo en todos los tiempos, porque está en la naturaleza.
III – Para que el Espiritismo dejase de existir, fuera preciso que los Espíritus cesasen de manifestarse.
IV – La influencia de los malos Espíritus es parte de los flagelos a que el hombre está sujeto en este mundo, como las enfermedades y los accidentes de toda suerte. Mas, como al lado del mal Dios siempre pone el remedio, el Espiritismo viene indicar el remedio para ese flagelo, enseñando que para neutralizar la influencia de los malos Espíritus es preciso tornarse mejor, dominar las malas inclinaciones, practicar las virtudes ensenadas por el Cristo: la humildad y la caridad.
V – Aprobar la oposición de la Iglesia al Espiritismo porque la aceptación de éste sería la ruina del clero es actitud inconcebible. ¿El clero sería movido así por sentimientos tan mezquinos? ¿Ignorarían los sacerdotes las palabras de Cristo: “Mi reino no es de este mundo”? ¿Preferirían mantener las apariencias en la Tierra, para asegurar sus intereses terrenos, a aceptar la realidad espírita y sus consecuencias?
VI – Si las divisiones operadas entre los espíritas tuviesen como consecuencia la ruina del Espiritismo, por que eso no se dio con el Cristianismo? ¿Ignora el padre la multiplicidad de sectas que han dividido y muchas veces ensangrentado la doctrina cristiana y cuyo número no se eleva a menos de trescientos y sesenta?
VII – El Espiritismo no es una teoría especulativa, basada en ideas preconcebidas. Es una cuestión de hecho y, por consecuencia, de convicción personal. Y él es fuerte precisamente porque se apoya sobre un conjunto formidable de voces cuya concordancia universal vale bien la de un concilio ecuménico.
VIII – El padre D... predice su fin próximo, pero innumerables personajes encarnados y desencarnados también hicieron su horóscopo, en otro sentido, y sus previsiones se suceden ininterrumpidamente y se repiten en todos los puntos del globo. (Págs. 291 a 299.)
79. Terminando su respuesta al padre D..., Kardec se reporta a uno de los muchas mensajes pertinentes al futuro del Espiritismo, de los que destacamos las frases siguientes:
A) El Espiritismo continuará su marcha a través de los embustes y de los escollos, inquebrantable como todo lo que está en la voluntad de Dios, porque se apoya en las leyes de la naturaleza.
B) B) Por la luz que lanza sobre los puntos obscuros y controvertidos de las Escrituras, él conducirá los hombres a la unidad de creencia y fundará el reino de la verdadera caridad cristiana, que es el reino de Dios sobre la Tierra, predicho por Jesús. C) Muchos aún lo repelen porque no lo conocen o no lo comprenden. Mas cuando reconocieren que él realiza las más caras esperanzas del futuro de la humanidad, lo aclamarán y, de la misma manera que el Cristianismo encontró un suporte en Paulo de Tarso, él también encontrará defensores entre los adversarios de la víspera. (Págs. 299 y 300.)

Revista Espírita de 1868

19. A pedido de uno de los correspondientes de la Revista en Sens, Kardec vuelve al tema del partido espírita, para decir que el Espiritismo jamás podría ser considerado un partido en la acepción vulgar de la palabra y, por eso, el correspondiente tenía toda la razón para repeler la calificación que en ese sentido le fue dada por el Sr. Genteur, Comisario del Gobierno. El Codificador dice, no obstante, que, excluida la idea de movimiento político y de lucha por el poder, el Espiritismo no dejaba de ser un partido, o sea, una doctrina que no es compartida sino por una parte de la población, motivo por el cual él podía aceptar la calificación que le fue dada por sus antagonistas, sin con eso repudiar sus principios y sin perder su cualidad esencial de doctrina filosófica moralizadora, que constituye su gloria y su fuerza. (Págs. 237 a 239.)
20. Kardec recuerda que al fin de 1864 fuera deflagrada una onda de persecuciones contra el Espiritismo en varias ciudades del Sur, seguida de algunos efectos, y reproduce el resumen de uno de los sermones hechos en la época, en el cual los espíritas son llamados de impíos y acusados de blasfemar contra Dios, de negar las sublimes verdades enseñadas por la Iglesia y de presentarse con una falsa caridad, que sólo conocen de nombre y de la cual se sirven como manto para ocultar su ambición. Al final del sermón, dice el padre: “¡Compren­disteis, cristianos, cuales son los que señalo a vuestra reprobación! ¡Son los Espíritas! Y porque no los indicaría yo? ¡Es tiempo de rechazarlos y de maldecir sus doctrinas infernales!” (Pág. 240.)
21. Sermones como ese estaban en el orden del día en aquella época, mas los ataques no se limitaban a la idea, extendiéndose también a las relaciones personales. En la secuencia, tras advertir que la lucha no terminara y que las persecuciones continuaban, el Codificador transcribe comunicación de San Luis transmitida en Paris el 10 de diciembre de 1864, de la cual extraemos los trechos que siguen:
I – Mis hijos, estas persecuciones caerán y no pueden ser perjudiciales a la causa del Espiritismo.
II – Los buenos Espíritus velan por la ejecución de las ordenes del Señor: nada hay que temer; no obstante, es preciso que todos se mantengan en guardia y actúen con prudencia.
III – La vergüenza recaerá sobre los que hubieren reculado y preferido el reposo de la Tierra a lo que les estaba preparado, porque el Señor tomará cuenta de sus sacrificios.
IV – Es preciso pensar en los mártires cristianos, que no tenían, como los espíritas, comunicaciones incesantes del mundo invisible para reanimar su fe y, aún así, no retrocedían ante el sacrificio, ni de su vida ni de sus bienes.
V – Las pruebas son hoy más morales que materiales; serán, por consecuencia, menos penosas, mas no menos meritorias.
VI – Por otro lado, muchos de los que sufrieron por el Cristianismo vienen a concurrir para el coronamiento de la obra y son los que sustentan la lucha con más coraje.
VII – Nadie se inquiete con el futuro de la doctrina espírita, porque, entre los que hoy la combaten, más de uno será su defensor mañana.
VIII – A la violencia, debemos oponer la suavidad y la caridad y hacer el bien a los que nos quieren mal, para que, más tarde, puedan distinguir lo verdadero de lo falso.
IX – El espírita dispone de una arma poderosa: la del raciocinio, y debe servirse de ella, sin mancharla jamás por la injuria, supremo argumento de los que no tienen buenas razones para dar, y esforzándose por la dignidad de su conducta, para hacer respetar el título de Espírita que ostenta. (Págs. 240 a 244.)
22. Kardec dice que pueden comprenderse bajo el título general de Espiritismo Retrospectivo los pensamientos, las doctrinas, las creencias y todos los hechos espíritas anteriores al Espiritismo Moderno, esto es, hasta 1850, data en la cual comenzaron las observaciones y los estudios sobre tales fenómenos. Un hecho relatado por el Duque de Saint-Simon en sus memorias se encuadra, por tanto, en el llamado Espiritismo Retrospectivo. (Pág. 244.)

Historia en Cuatro Actos

1º ACTO: ANTIGUEDAD
Educación religiosa; su finalidad era enseñar el culto a los dioses y a la ciencia sagrada, some-tiendo a los pueblos, a los reyes y a los príncipes.
Los maestros eran sacerdotes, dueños del saber, y dominaban por medio del fanatismo.

2º ACTO: EDAD MEDIA
Educación católica; su fin era propagar, mantener y defender la fe, sometiendo a pueblos, reyes y príncipes, al clero.
Los maestros eran sacerdotes, dueños del saber, y dominaban por medio del fanatismo.
Los que quisiesen enseñar verdades contrarias a los dogmas, serían quemados como herejes.
El hombre no valía nada delante de los principios teológicos.

3º ACTO: EDAD MODERNA
Con el Renacimiento, la Educación comenzó a libertarse de la religión.
Las grandes ciudades se transformaron en centros de cultura, contrarios al fanatismo religioso.
Los dogmas de fe fueron sometidos al análisis y a la crítica.
Nuevos maestros surgieron, libertos de la Iglesia, de los reyes y de los príncipes, y enseñaban principios humanos.
El Humanismo sustituyó al fanatismo teológico.
La finalidad de la educación era enseñar al hombre a ser Hombre, y no para ser sectario.

4º ACTO: EDAD ACTUAL
Educación Libre, democrática, humana, dada por Profesores que no pertenecen a Iglesia alguna, sino al Estado, a la Nación.
Por esto mismo, el fanatismo reacciona, apoyado por mercaderes de la enseñanza y por dema-gogos políticos, contra la escuela Libre, que es la Escuela Pública.

RESPONSABILIDAD ACTUAL
Es deber de todos los ciudadanos conscientes defender la Educación Libre, conquista de la civilización, defendiendo la Escuela Pública.

David Grosvater

Religión e Intolerancia

Autor Dalmo de los Santos

“Por definición, toda religión, toda fe, es intolerante, pues proclama una verdad que no puede convivir pacíficamente con otras que la niegan.” – Mario Vargas Llosa

Por definición, está cubierto de razón el gran escritor peruano, cuando coloca el problema de la intolerancia religiosa como reflejo de la enorme diversidad cultural que caracterizan a los pueblos y espejo de las mentali­dades que también se diferencian dentro de los propios grupos sociales. En un artículo publicado en el periodico El Estado de San Pablo (11/07/2004), sobre el caráter laico del Estado y de la Unión Europea, habla con conoci­miento de causa y hace la afirmación citada basándose en la experiencia histórica de religiones y filosofías y que fueron desviadas de sus bases originales para satisfacer intereses bien distanciados de aquellos deli-neados por sus creadores.

No importa la relatividad de esos conceptos – si religión o religiosidad, fe o creencia devoción o adoración – la repercusión de ese elemento cultural en la mente humana difícilmente podrá ser disociado del fanatismo, de los impulsos pasionales y del radicalismo emocional. No es al acaso que la sabiduría popular enseña que no se debe discutir religión y fútbol, si que­remos preservar relaciones amistosas. Durante siglos fuimos educados para la intolerancia y para el radicalismo. Preconceptos religiosos fueron pacientemente enraizados en nuestro psiquismo y en el comportamiento, como piezas estratégicas para preservación de grupos y sistemas ideoló­gicos. Hasta las grandes lecciones de fraternidad y tolerancia cayeron en el olvido y en el universo lendário. El propio Mahatma Gandhi, figura contem­poránea de la Era Atómica, pare-cía en su época y aún hoy ser algo increí­ble, salido de las páginas de algún libro de mitología.

Mas somos, como categoría social humana, un complejo multicolor de ideologías y creencias, sea en forma de partidos políticos, de cultos religiosos, agremiaciones filosóficas o estilos de vida que consideramos atrayentes y afines con nuestra manera de ver el mundo, de actuar, de pensar y de sentir las cosas. En esos grupos procuramos respuestas, confort espiritual, acepta-ción, respeto, reconocimiento, todas las soluciones posibles para resolver nuestros conflictos interiores, nuestras carencias internas y externas, reparos de daños y traumas, en fin, la busca de la felicidad, de un Norte, de una plenitud, de la auto-realización. Es por ese motivo, inclu-sive, que constituimos familias - no importando cual modelo - y mantenemos viva la imagen del “niño” o de la “tribu” como símbolos de nuestra identidad personal y social. Nuestros niños y tribus continúan siendo nuestro principal motivo existencial, la refe­rencia en la cual mantene-mos el pié de apoyo para dar todos los pasos importantes y decisivos en las experiencias vivenciales. Hasta las organizaciones criminosas o los grupos de hábitos considerados fútiles, cuando amenazados en sus intereses, reaccionan con sus ideologías, doctrinas, dogmas, tradi-ciones, raíces, ídolos, eventos históricos, como armas para justificar y legitimar sus necesidades y sus propias existencias. Veamos, por ejemplo, los recientes acontecimentos del 911, donde el terror tuvo la religión como principal fuente de motivación ideológica. “!Pero es una religión primitiva y atrasada!”, dirían los ateos o entonces aquellos otros que juzgan que su religión es superior a las demás. Como si el problema fuese la religión en sí, cuando en verdad es el comporta­miento sectario embutido históricamente en las religiones y cofradías que alimentan esos flagelos de mentalidad. La intención de los atentados terroristas fue de orden político, mas los agentes ejecutores lo hicieron por una causa religiosa, o sea, la creencia de que serían recompensados en el otro mundo por haber actuado con renuncia y valor. Ello es histórico: basta recordar las monarquías teocráticas de todos los tiempos, los tribunales de la Inqui-sición, las cruzadas, el calvinismo europeo, los regímenes totalitarios en los años 30 y durante la Guerra Fría.

El grado de intolerancia demostrado por aquellos que hoy se suicidan por su creencia cierta-mente no es lo mismo que aquellos que discriminan, persiguen y expulsan sus compañeros de ideología, cuando estos comien­zan a diferir de sus puntos de vista, pero las causas son idén-ticas: la incapacidad de comprender y convivir con la diversidad y de aceptar el principio de igualdad humana como ley universal. En las situaciones de con­flicto, cuando el egoísmo y el orgullo predominan como fuente de poder, la igualdad y la humildad pasan a ser vistas como valores banales, de perso­nas débiles y poco inteligentes. Cuando se trata de conflictos de creen-cia e ideología, ese factor humano de arrogancia y prepotencia asu­me propor­ciones más violen-tas, aun cuando disfrazadas por la cortesía institucional, por las apariencias jurídicas, por la hipocresía de las relacio­nes artificiales. Hemos visto eso acontecer en todos los sectores sociales, pero en los gremios religiosos ello acontece con más frecuencia y son más camufla­jeadas con un fuerte tenor de hipocresía. En esos ambientes de oraciones, meditaciones, vibra-ciones, peregrinaciones, curas, ofrendas, canturrias y celebraciones, el camuflaje se torna más sutil y más eficiente en el juego de apariencias. Ahí la mente es capaz de realizar verdaderos prodigios de disimulación: sonreír y odiar; orar con la voz mansa y emoti­va y, al mismo tiem-po, conspirar criminalmente para eliminar al adversa­rio. Puede pare­cer chocante, pero es la misma gimnasia ideológica que hace al matón a sueldo rezar de rodillas para pedir perdón antes de cometer el acto insano.

Esa perversión de la fe y de la religiosidad sólo tiene una explicación: orgullo y egoísmo. Nadie consigue abrir mano de posiciones y posturas, de puntos de vista o de opiniones cuando está bajo el efecto de las aparien­cias, de la imagen artificial que posee de las cosas y de sí mismo. Es una dolencia existencial con fuertes elementos de orden emocional, como una herida infectada, cuya caracte­rística sobresaliente es el hábito sistemático de huir de la realidad y de mentirse a sí mismo. Cuando fingimos o disimu­lamos ideas y sentimientos, con la inten­ción de ocupar es-pacio ideológico ingresamos inmediatamente en un juego peligroso, de difícil sustentación. De ahí el que sea muy común y constante el uso de expedientes engaño­sos, generalmente incompa-tibles con la ética religio­sa o filosófica de los grupos que frecuentamos.

No es coincidencia también que la desilusión personal y la decepción con las contradicciones humanas son la mayor causa de la deserción de los adeptos de esos grupos. Desertamos a medi-da que caen los mitos, las apariencias, las imágenes distorsionadas: mitos que nosotros mismos creíamos, apariencias que dejamos nos ilusionaran, imágenes que construimos con distorsio-nes, según nuestros propios intereses inconscientes y límites psicológicos. Cuando eso aconte-ce, casi siempre colocamos la culpa en los otros, en los líderes, en las doctrinas, en los aconteci-mientos, sin jamás reconocer que nuestro punto de vista es lo que siempre fue el verdadero responsable por la conducción de nuestros sentimientos y actitudes.

Recientemente tuvimos la oportunidad de oír las quejas de un militante bien desilusionado con los espíritas, con los centros espíritas y con el Espi­ritismo. Bastante abatido con la derrota en una disputa en la cual, según él, entró de cuerpo y alma, en ningún momento reconoció el hecho de haberse dejado ilusionar, mas atacó con mucha propiedad todas las imper­fecciones de las personas y de las instituciones envueltas en su triste historia. Recordamos los textos de “Obras Póstumas” y de la “Revista Espírita”, mas no tuvimos valor para recomendarlos en aquel mo-mento de disgustos y decepciones. Un poco desolados con esa historia de poder y gloria en una institución espírita, nos fuimos a consolar en las memorias de Kardec, repletas de experiencias sobre los problemas de la convivencia humana. Allí podemos observar como es posible em-prender esfuerzos para superar tendencias históricas, hábitos cultu­rales e inclinaciones perso-nales que perpetúan el fanatismo y la intoleran­cia. La experiencia de Kardec prueba que es posible ir más allá de las definicio­nes, romper preconceptos seculares y avanzar cada vez más en el terreno de la libertad de concien­cia. Las definiciones no son apenas artificios del lenguaje, sino herramien­tas precisas para identificar cosas, circunstancias y paradigmas predomi­nantes.

Mas es preciso ir más allá, romper paradigmas, osar, como hicieron los demoledores de pre-conceptos en todas las épocas. Eran, es claro, perso­nas de moral por encima de lo normal y de comportamiento diferente del promedio, mas todos tenían algo en común: eran seres humanos y jamás se dejaron esclavizar por ideas y creencias. Muy por el contrario, atacaron sus propias culturas en los puntos que consideraban frágiles e ilusorios. Budha atacó el deseo y la sensuali­dad que contaminaba la espiritualidad en su tiempo; Jesús se posicionó estraté­gica y heroica-mente contra la intolerancia, el fanatismo y el comercio de las cosas sagradas; Lao-tsé y Confu-cio emprendieron sus inteligencias contra la corrupción y el como­dismo; Comenius y Pestalozzi vieron en la infancia un terreno fértil para plantar las simientes de la transformación del tiempo futuro y no solamen­te en el cultivo de las tradiciones del pasado. Allan Kardec demolió el materialismo y lo sobrenatural, reconstruyó la fe y rescató la religiosidad sin dejarse conta-minar por la ingenuidad mística o impresionarse con los “misterios” denominados “ocultos”. Martín Luther King, siguiendo los pasos de Gandhi, desmontó la farsa que encubría en su país el mito de la libertad y los derechos civiles.

Sería de una gran utilidad si nosotros, los espíritas, pudiésemos reflexionar sobre ese asunto y transponer sus conclusiones para los ambientes que frecuentamos y la ideología que cultivamos como fuente de realización. Podemos avanzar las definiciones y romper paradigmas. Como el Espiri­tismo no es religión – en ese sentido histórico sectario –, mucho menos fútbol, podemos discutir tranquilamente delicadas cuestiones ideológicas:
¿Cómo hemos cultivado el concepto de verdad en el Espiritismo?
¿Cómo hemos lidiado con el pensamiento divergente?
¿Hemos actuado dentro de la ética espírita cuando actuamos políticamente en sus insti- tuciones?
¿Al final, nuestra fe ha conseguido encarar la razón cara a cara?

*Dalmo Duque de los Santos es brasileño y maestro en Comunicación, bachiller en Historia y Pedagogía.